"Sin Crisis No Hay Evolución"

Sobre Mí
Soy Andrea y soy Leo, al ser un signo de fuego tengo esa conexión mágica con el sol, amo los amaneceres y los atardeceres, soy fan número uno de sentarme a la orilla de una playa para ver cómo nace y cómo se oculta el sol, esto simplemente me da mucha paz y energía
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El sol me acompañó durante mi proceso de sanación y me dejó la mejor de las enseñanzas: Brilla desde tu interior, solo así iluminarás al mundo siendo Tú.
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"Tuve que perderlo todo para encontrarme a mí misma”
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Siempre tuve lo que, según nos dicen, es la clave de la felicidad y el éxito en la vida: un trabajo estable, una casa y una ciudad donde instalarme sin pensar en moverme. Tenía un emprendimiento que llevaba mi nombre, pero en el que yo no era realmente la jefa; una marca de ropa para niños que todos adoraban, menos yo. Tenía un título que "me haría alguien en la vida", aunque podría haber sido feliz dedicándome a mi verdadero hobby, la danza. Viajaba para disfrutar y, en otras ocasiones, para aparentar. Tenía ropa a la moda, un maquillaje perfecto para demostrar una autoestima que no era real, y parejas para sentirme amada, aunque en el fondo me sentía más sola y abandonada que cuando estaba soltera. Y sí, pedí la fidelidad en mis parejas… pero los únicos fieles a mi vida fueron mis perros.
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Siempre le había huido al matrimonio, pero terminé casándome, o más bien, mal casándome, porque me descuidé a mí misma y llegué a un punto donde la felicidad estaba ausente. Fue entonces cuando le pedí a Dios solo una cosa: ser feliz. Y un mes después, todo se desmoronó: me llegó el divorcio, mi padre sufrió un infarto, y vinieron juicios que me hicieron cuestionar mi libertad y sentirme un fracaso como mujer. Ahí le dije a Dios: "Te pedí felicidad, no una terapia intensiva en depresión."
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Un mes después, entendí el poder de la palabra y que, si no pedimos las cosas con claridad, Dios, el universo, la vida —o la divinidad en la que creas— te envían lo que pides, pero a su manera. Ese deseo de felicidad empezaba a cumplirse, pero para hacer espacio, tenía que soltar todo lo que ya no era para mí, y aprender del dolor. Afortunadamente, mi padre sobrevivió. Así fue como el divorcio me trajo una segunda oportunidad de vida y de reconciliación conmigo misma. Me sentía mejor, pero no del todo, porque aún faltaba algo.
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Entonces manifesté un viaje al extranjero para estudiar vestidos de novia y ceremonias, algo a lo que me dedicaba en ese momento. Lo logré y puedo decir que disfruté ese viaje al máximo: aprendí sobre mí, sobre una nueva cultura, conocí personas y me sumergí en experiencias únicas, como apasionada de los viajes que soy. Fue una de las experiencias más hermosas que viví, pero mientras caminaba por las calles de Barcelona, miré al cielo y le pedí a Dios un compañero que fuera extranjero y emprendedor. Y ¿qué crees? Llegó esa persona que había pedido, pero ni él ni yo estábamos en nuestros mejores momentos. Aún no había sanado, y otra vez me vi de regreso en terapia.
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Olvidé especificarle a Dios que quería a alguien con inteligencia emocional… aunque, para ser sincera, en ese momento ni siquiera sabía qué significaba eso.
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Al regresar a Ecuador, aquella felicidad que sentí se esfumó, y por segunda vez caí en una depresión tan fuerte que terminé en terapia, con psiquiatra y medicación, algo de lo que siempre huí.
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Otra vez le dije a Dios: "Te pedí ser feliz, no sentirme perdida."
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Después de casi un año, empecé a salir de ese estado y comprendí, finalmente, que la verdadera felicidad no depende del exterior, sino de cómo te sientas contigo misma y con tu vida.
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Para ser realmente feliz, tenía que soltar lo que no me aportaba: una profesión que no amaba, un trabajo que no me daba alegría, una ciudad en la que no quería vivir y relaciones que, lejos de ser amor, eran solo dependencia emocional.
A partir de ese momento, comencé a trabajar en mí misma para sentirme feliz en mi propio cuerpo y con mi vida, eligiendo lo que deseo y no lo que se supone que "me toca".
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Han sido tres años de crecimiento, de certificaciones, de titularme como Coach Transpersonal y Terapeuta en Heridas de Infancia, de aprendizaje, de cumplir deseos y hacer realidad mis sueños. Hoy tengo herramientas emocionales, pero sobre todo, tengo a mi niña interior de la mano, cuidándola y sanándola.
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Dos años acompañando a mujeres a sanar la relación consigo mismas y con su niña interior, a conectar con su potencial, a dejar de sobrevivir para empezar a vivir, y a elegir relaciones desde el amor propio y no desde la carencia.
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Hoy puedo decirte que, después de la oscuridad, siempre llega la luz, y que sin crisis, no hay evolución.
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Es necesario soltar para que llegue lo que es para ti y para que encuentre el espacio en tu vida.
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Sanar duele, pero es la única forma que conozco para vivir en paz y con amor.
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Ahora, es tu turno de dar ese paso al encuentro contigo misma